¿Es recomendable utilizar instrumentos de escritura distintos a las plumas fuente/estilográficas?

Hace unos meses conversaba con mi hija María Begoña acerca de los portaminas que uso en el trabajo. Entre risas me dijo que a mí me gustaba cualquier cosa que escribiera, en lugar de solo las plumas fuente. No me siento culpable por ello, pues recuerdo que a mi abuela Yolanda le encantaba escribir tanto con plumas fuente como con rollerballs de marca Pilot.

Lo cierto es que las plumas fuente son el mejor instrumento disponible para largas sesiones de escritura. Con ellas se puede escribir sin ejercer presión sobre el papel, lo que evita los calambres que todos hemos sentido en nuestra mano diestra después de intentar copiar con un bolígrafo todas la boludeces que dice un profesor en clase. Además, quienes apreciamos la variedad cromática, amamos la multitud de colores disponibles en las tintas para pluma fuente, y los efectos de sombreado que algunas de estas tintas producen sobre el papel.

Sin embargo, hay casos particulares donde otros instrumentos de escritura llevan una clara ventaja sobre la pluma fuente. Os menciono unos pocos que se me vienen a la mente en este instante:

  • Mi profesor de “Puentes” durante el décimo semestre de la carrera de ingeniería civil en la Universidad Santa María de Caracas fue el Ingeniero Vicente Lugo. De 70 y tantos cursantes, solo 19 tuvimos derecho a presentar examen final. De esos 19, solo 7 aprobamos la materia en finales. Para lograr aprobar la materia, tuve que enfrentarme exitosamente a 4 exámenes que empezaban al mediodía y terminaban poco después de las 8 de la noche, sin interrupción. Cada examen solía contener 4 “problemas” a solucionar y solo había tiempo de completar 2 exitosamente, de manera que incluso un 12/20 era un resultado ambicioso. Cada examen requería escribir muchos cálculos estructurales y dibujar múltiples estructuras a mano alzada. Jamás hubiese intentado superar ese reto sin la ayuda de un portaminas japonés de calibre 0,5 mm. En todo ese semestre me acompañó mi fiel portaminas Pilot “The Shaker” H515, ahora descatalogado. Por cierto, un par de horas antes del examen final de “Puentes”, un comentario de mi compañero de clases Rodolfo Gutiérrez acerca de los casos de carga sobre un puente a evaluar en primer término me hizo comprender todos los conocimientos previos acerca de la ingeniería estructural.
  • Un cliente o un colega necesita garabatear un dibujo para explicarnos algo o necesita firmar algún documento. Prefiero tener un bolígrafo o un rollerball disponible para prestárselo de inmediato, en lugar de prestarle mi pluma preferida y verlo destruir un plumín que amo.
  • Mi trabajo requiere la frecuente lectura de decenas y decenas de páginas de especificaciones técnicas y propuestas de contratos, mientras tomo breves notas aquí y allá. En esos momentos mi atención está centrada en los documentos frente a mí, y evito distraerme poniendo y quitando capuchones o accionando mecanismos retráctiles de plumín. Para esa tarea, nada supera a un bolígrafo abierto y ubicado a poca distancia del borde derecho del documento que estoy evaluando.
  • Un desconocido nos pide prestada nuestra “pluma” para llenar su planilla de depósito en el banco o su recibo de tarjeta de crédito en un restaurant de comida rápida. Mi respuesta estándar a ese desconocido es “¡Lo siento, yo no presto mis instrumentos de escritura!” Muchos desconocidos hacen comentarios desagradables después de esa respuesta, y no me importa en lo más mínimo. Simplemente no es higiénico compartir con un completo extraño un objeto tan personal como un instrumento de escritura, que adicionalmente suele ser costoso y delicado.

En próximas entradas os estaré mostrando algunos de esos instrumentos de escritura distintos a las plumas fuente que llevan una sonrisa a mis días.

Anuncios